Bibliografía - 2000

La inclusión del alumno y del propio profesor como individuos (sus experiencias, actitudes y afectos personales) en cada actividad de aprendizaje de una lengua extranjera proporciona un notable incremento en la calidad de la lengua utilizada, contribuyendo a la estructuración del aula como marco social. Cuando la atención a la forma impide una auténtica implicación personal del alumno (porque los contenidos son proporcionados por los materiales) podemos todavía tratar de mantener esta implicación de una manera más artificial y lúdica simplemente atribuyendo ciertas manifestaciones o incluyendo en ciertas informaciones a gente del propio grupo donde trabajamos.

¿No es más divertido, implicador e interpretable un ejemplo de condicional como «Caroline se querría ir de la clase» que uno típicamente neutro y ajeno a la experiencia asequible al alumno como «Juan se querría ir a Valencia»? El objetivo final es que la información que circula por nuestras clases de gramática, y que tantas veces debemos imponer, tenga el máximo sentido para los estudiantes.