En la enseñanza de ELE proliferan los prejuicios sobre la lengua que deben aprender los estudiantes y la manera en que han de hacerlo. Metodológicamente, se pasó de un enfoque elitista y centrado casi de modo exclusivo en la lengua escrita, a otros que, bajo la premisa de la comunicatividad, proscribían la gramática. También, con frecuencia, se priorizó el español normativo frente a cualquier registro coloquial, y el español normativo, al de cualquiera de las otras variantes. De la misma forma, los ejercicios estructurales de huecos, o las actividades lúdicas (por acudir al antagonismo extremo) se han encontrado con las reconvenciones de teóricos de la enseñanza de segundas lenguas.
Parece obvio que estas mismas renuencias se hallarán también al abordar en ELE el discurso digital que, sin embargo, ofrece una serie de virtudes que se pretenden tratar en este artículo; entre otras, el acercamiento a una manera de usar el español que resulta cada vez más popular, pero también en un ámbito perfectamente conocido por los nativos digitales, que están habituados a utilizar su propia lengua en esos entornos.
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